El salvaje deporte de élite
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Anna Tarrés ya ha sido sustituida por Ana Montero, y esperemos que aquí se cierre uno de los capítulos más desagradables de nuestro deporte. Desagradable, porque se ha puesto el ventilador en marcha, con efecto retroactivo además, y "mover la mierda", como dice Mengual, es abrir las puertas al morbo. Conviene no desvirtuar el asunto. Tarrés no fue relevada por sus modos y métodos con las nadadoras, sino por los excesos en sus funciones ante la presidencia. Tarrés es mucho Tarrés fuera y dentro de la piscina. Dentro, era su parcela; ahí mandaba y nadie tenía nada que decir. Fue fuera donde se extralimitó. No informaba, no negociaba, no comunicaba, no rendía cuentas a la presidencia. Iba por libre, y el presidente decidió cortarle las alas.
Lo de los malos tratos y su severa actitud es cuestión aparte, dejando claro que las expresiones de las que es acusada son inadmisibles y dificilmente justificables aun fuera de contexto. Tanto, como el practicar un deporte en el que ocho niñas tienen que hacer los mismos movimientos y, además, bajo el agua conteniendo la respiración. Conseguir esta excelencia es consecuencia de un trabajo durísimo, físico y mental, que revela lo salvaje del deporte de élite. No nos tenemos que llevar las manos a la cabeza por esto. Es algo que vemos todos los días. El propio Nadal reconocía el martes en la primera entrega de la entrevista a Delmás el calvario bajo el que ha estado jugando. Mas no hay otro camino para ser el mejor. Creer lo contrario es engañarse.




