Un balón dentro, otro balón fuera
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Le salió rentable a Llorente el fin de semana. Fue meterle en el campo Bielsa y mandar un balón a la red, como bien sabe. Encontró ahí la libertad para expresarse, grito en el gol y alegría final por el aporte. Ya duchado, con la mente fría, mandó un balón fuera a la prensa de Bilbao, a la que no atendió porque no le apetecía, operación que repitió ayer. Prefirió los foros de las radios nacionales, más comprensivos con su injusta situación.
Está bien que se exprese, porque los aficionados (más que el periodista, Fernando) deseaban oírle. Al menos, ya saben que no se va por dinero, por Bielsa, ni por la afición. Que cada cual extraiga sus conclusiones. Nunca he dudado, ni dudaré de su sentimiento rojiblanco. Sólo faltaba que llevando desde los once años aquí no perdurase. Las lágrimas de emoción por los triunfos no han sido las únicas que ha derramado en este tiempo. También las ha habido de rabia, de incomprensión. Cuando San Mamés era cruel con él por imberbe, como el torpe técnico que le manejaba. Entonces sí hubo quien, sin interés, le ayudó. Frágil memoria.




