Anna Tarrés es un lujo
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Pocos nombres hay tan vinculados a un deporte como el de Anna Tarrés. Tal es así que la natación sincronizada no se concibe sin ella. De este deporte comenzamos a saber cuando esta catalana de 45 años, de carácter fuerte pero también cautivador, se hizo cargo del equipo de sincronizada en los años 90. Los Juegos de Barcelona habían puesto de moda traer técnicos extranjeros para aquellos deportes donde aún teníamos mucho que aprender. La sincro estaba entre ellos, pero a nadie se le ocurrió contratar una entrenadora rusa, búlgara, australiana o estadounidense. La sincro es una modalidad excelsa, y en aquellos tiempos no nos podíamos imaginar que hubiera alguien capaz de conducir a nuestras nadadoras hasta la perfección.
Pero comenzaron a caer las medallas, y con ellas vino la televisión. La sincro aprovechó la ventaja de que sus imágenes no pasan inadvertidas. Este deporte minoritario donde los haya alcanzó pronto una popularidad extraordinaria. Descubrimos que detrás de Gemma Mengual y el resto del equipo estaba Anna Tarrés. Se fue Gemma, y los resultados siguen siendo los mismos. Porque la sincro es lo que es Tarrés. Nada se escapa a su registro. Desde que empiezan los entrenamientos hasta que termina la competición. Eso supone once meses de control absoluto. Hasta ahora, para bien. Las causas del desencuentro con la Federación no están claras y merecen una explicación. Tarrés ha dado tanto a la sincro que no se puede prescindir de ella sin una buena razón.




