Una afición a la altura del Tour
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No se recuerda una Vuelta a España con tanto público como en esta edición. Fueron las Rías Bajas, fueron los Ancares, fueron los Lagos y lo de ayer fue la apoteosis. Ocho kilómetros de pasillo humano en la salida de Gijón y tres kilómetros en la subida al Cuitu. Tres kilómetros estos de subida inédita con miles de aficionados a ambos lados de la estrecha pista, ya carretera, que no dudaron en subir hasta las rampas del 22% con que se corona la cumbre. La Vuelta ha logrado lo más difícil: tener una afición a la altura del Tour. Ya no hay que irse a Francia para ver las imágenes que tanta afición crean: los ciclistas abriéndose camino por un estrecho pasillo de ingente público. En España la Vuelta vuelve a despertar pasiones y lleva a los corredores hasta el límite.
Esto lo ha conseguido la Vuelta con un recorrido ante el que nadie queda indiferente, y esto lo han conseguido los ciclistas con una competencia suprema. Que a estas alturas sigan juntos Purito, Contador y Valverde parece un milagro. El más fuerte es Purito, y no tiene la necesidad de desgastarse para optar al triunfo. Pero que sus rivales mantengan aún posibilidades les lleva a una entrega extrema. Porque están donde Purito y donde nadie más lo ha conseguido. Cuando se desatan los ataques, no hay un solo corredor más capaz de acompañarles hasta el final. Eso da idea de la magnitud de la batalla. Y si Contador y Valverde no logran rebajar un solo segundo es que no pueden más. Pero ahí seguirán. Para gloria del ciclismo y de esta Vuelta.




