No hay nada tan traicionero como la Champions
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Ninguna competición es tan traicionera como la Champions. Un mal día, un accidente y se acabó, y para ilustrarlo no hay como la semifinal Barça-Chelsea de la temporada pasada. Un torneo que gana un equipo que termina sexto en la Premier, que deja a Real Madrid y Barcelona sin la final, al City fuera en la primera fase, al Dortmund cuarto en su grupo. No hay tantos que la puedan ganar, pero se amplía el ramillete de los que sí pueden ganar a cualquiera. Tampoco ayudan los bombos ante un sorteo tremendo, que podría emparejar a los campeones de España, Italia, Inglaterra y Alemania. Sí, este sistema de cabezas de serie hace posible un grupo con Real Madrid, Juventus, City y Dortmund que sería poco menos que el apocalipsis. Creo poco en el Milan, algo más en el United y no demasiado en el PSG, construido a golpe de chequera y que sigue atascado en la liga francesa.
Creo más en los equipos con mayúsculas que en las colecciones de estrellas, y ahí el Barcelona va en cabeza. Será un placer ver al Arsenal con Cazorla pero sigue con problemas en el área, al Bayern con el bloque intacto más el hábil Shaqiri y el sorprendente Mandzukic, a un Zenit repleto de talentos y por supuesto a Valencia y a un Málaga que llega para vivir un sueño que merece. También a un Ajax más joven que nunca, al Schalke post Raúl y a un Dortmund que ganó con su estilo de balón al pie dos Bundesligas seguidas y no piensa cambiar. Y a una nueva Juventus que hace el fútbol más moderno que se ha visto en Italia en tiempo. Una Champions que cada año parece mejor, capaz de renovar ilusiones como ninguna otra competición en el planeta.




