Un estadio de 190 kilómetros
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Las Rías Bajas se convirtieron ayer en el mayor estadio del mundo. Un estadio con una longitud de 190 kilómetros, los que van desde Ponteareas hasta O Grove, donde está la isla de La Toja, y regreso a Sanxenxo. Y digo estadio, porque arcenes y aceras hicieron de gradas para albergar miles y miles de espectadores en la Vuelta. ¿Cuántos? Pues si las 25 ciudades, pueblos, municipios y parroquias por las que pasó la carrera tienen 619.045 habitantes, diríase que todos se echaron a calles y carreteras, lo cual no es de extrañar, pues la carretera de las Rías Bajas más bien es una calle de lo poblada que está. Y tampoco es exageración, porque se descuentan bebés y ancianos, se añade la población veraniega, y lo mismo salen más.
La cifra, de hecho, me parece corta, porque medio millón largo de espectadores en 190 kilómetros por ambos lados sale a espectador y medio por cada metro, cuando en Ponteareas, Vigo, Redondela, Cangas, Pontevedra, O Grove o Sanxenxo los espectadores se alineaban de diez en fondo. El caso es que esta primera etapa en Galicia resultó un espectáculo. Un espectáculo a la altura del Tour en cuanto a espectadores y paisajes -fantásticas las imágenes aéreas-, que es lo que echábamos de menos en la Vuelta. Y lo mejor es que, como decía Juanma Trueba en una de sus crónicas, con todo lo bueno que llevamos, esto sólo ha empezado. Deportivamente, está a punto de reventar. Atentos mañana al muro de Ézaro. Hay una rampa del ¡29%!




