Lecciones de la última Supercopa

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De acuerdo que es un Madrid-Barça; que jugarán los mejores del mundo; que oiremos que será el enésimo Partido del Siglo en lo que llevamos de Siglo ( y lo que te rondaré, morena); que Messi le tiene ganas al Madrid; que Cristiano buscará su revancha tras el fiasco de su último partido y que, cómo no, tendremos el reencuentro entre Mourinho y Vilanova que provocará que Francesc Satorra, The Observer, vuelva a salir de su amado anonimato. Por eso, no estaría de más como antídoto a tanta grandilocuencia, recordar que la Supercopa de España es un torneo casi de pretemporada y de carácter menor si se compara a la Liga, la Champions o, incluso, a la Copa del Rey. La gracia de la Supercopa está en que la juegan los que el año pasado ganaron algo importante. Ganar una Supercopa no te da derecho ni a volver a jugarla ni a disputar ningún otro torneo.
Ni tampoco es garantía de nada respecto a lo que será el solomillo de la temporada. La lección de la última Supercopa así nos lo relata. El Madrid la preparó como si fuera el Día D, el Barça la jugó como dijo Rosell, casi en chancletas viniendo de la playa y con Messi ahogándose cada dos carreras. Pues resulta que ganó el Barça (con suerte, de acuerdo) y que perdió el Madrid (que tuvo un perder impresentable). Cualquiera diría que tal y como acabó aquello, las cartas de la Liga estaban ya marcadas a favor de los culés. Pues no. Pasó justo al revés. ¡Ah!, por cierto, y ninguno de los dos colosos llegó a la final de Múnich.



