Héctor Barberá no debería precipitarse
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Vaya por delante que respeto, por supuesto, la decisión de Héctor Barberá y de los médicos que le atienden, lo que no significa que deba estar de acuerdo con ella. Por eso, viajar hasta Indianápolis para intentar subirse en una MotoGP menos de un mes después de fracturarse la tibia y el peroné me parece un error. Básicamente, porque el valenciano no se está jugando nada en este Mundial, de su presencia en el gran premio de este fin de semana no depende ningún resultado espectacular y correr esos riesgos lo considero un atrevimiento. Bastante se juegan ya estos pilotos cada fin de semana con el mero hecho de ponerse en una moto a más de 300 km/h como para tentar a la suerte de forma innecesaria.
Hace sólo unos días, Barberá confirmaba que no viajaría a Estados Unidos, con lo que Toni Elías volvería a ocupar su puesto en la Ducati del equipo Pramac. Decía que quizá podría competir, pero que prefería no precipitarse y esperar a estar en las condiciones óptimas para exhibir su nivel habitual. Desconozco qué puede haber cambiado en tan corto espacio de tiempo, pero insisto en que subirse a la moto con tanta premura no me parece lo más aconsejable. Y no se trata de cuál será su rendimiento, sino de la posibilidad siempre presente de que, en su estado, sufra una nueva caída. Lo entendería, llegados a ese extremo, si estuviera peleando por ser campeón del mundo, pero no encuentro la justificación a arriesgarse así por un puñado de puntos más. Tendremos que ver si ahora los doctores del Mundial le autorizan para competir, pero ya digo que, respetando su postura, estas exhibiciones de valentía me resultan en ocasiones innecesarias, incluso me suenan a alardes médicos que no vienen muy a cuento.




