Yo digo Nika Cuenca

Devolución de bofetada a un hijo

Nika Cuenca
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Fracaso del Athletic, puñalada a la filosofía, decepción, desapego... Todo mensaje vale para definir la situación que genera la negativa de Llorente a renovar por la estimable cantidad anual de 4,5 millones netos hasta 2016. El acuerdo estuvo casi cerrado meses atrás. Se frenó, al parecer, por una comisión para su hermano y asesor. No tiene sentido que año y pico después de tiras y aflojas, se suponía que económicos, argumente su marcha en la ambición deportiva de competir por metas superiores. Lo hace cuando el equipo ha alcanzado dos finales y afronta la Liga más devaluada, cuando se puede aspirar a la Champions. Su tensa relación con Bielsa, que le exige sacrificio defensivo, no es suficiente: lo lógico es que El Loco siga en Bilbao únicamente este año.

Llorente nunca se ha sentido muy querido, ha reclamado foco y apoyo de una afición dura con él. Uno quiere pensar que por su carácter endeble, ternura que derivó en fiereza. Quizás no sea una coincidencia que su negación al Athletic llegue al día siguiente de ser pitado por una minoría que no soporta su origen de cuna ni su estelar manera de moverse en el fútbol. Siempre soñó acabar su carrera en la Premier y ahora da la sensación de quererse ir deprisa, sin fundamento. Mala gestión, como la del club, que quizás debió tragar con una ficha superior y tenerle atado para venderle en otro momento, con un relevo a la vista. Urrutia ha tomado una decisión correcta, de protección al club. Es la devolución de la bofetada a un hijo con 16 años en Lezama.

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