Tremendo final y tremendas mujeres
Fenomenal sprint de nuestros deportistas hacia las medallas. Al final vamos a acabar por encima de las previsiones. Los vaticinios de nuestros técnicos más rigurosos no superaban las quince medallas, y los de los analistas internacionales, en base a los resultados conseguidos por todos los países en los distintos Mundiales, nos daban incluso una menos, catorce. Eso sí, tiene pinta de que van a acertar los oros. Nos daban tres, y todo apunta a que en tres nos vamos a quedar. Pero el balance, al final, va a ser satisfactorio.
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Satisfactorio, porque la imagen de los últimos días ha sido buena, y la emoción, intensa. El baloncesto nos mantuvo en vilo, la sincro nos maravilló, la vela nos dio los oros, el piragüismo nos alegró las mañanas, el taekwondo, las noches, y el balonmano... ¡Ah, el balonmano! Nos provocó orgullo. Orgullo de nuestras guerreras, que jugaron con el espíritu heredado de esa Selección femenina de baloncesto que nos hizo vibrar tantos años. Inquebrantables y ejemplares, que las de waterpolo también se contagiaron de su espíritu.
Medallas que se salen del patrón al que estábamos acostumbrados, porque hasta ahora los podios en los deportes de equipo eran exclusivos de los hombres, con la excepción del hockey. Pues de Londres nos vamos a ir con dos medallas femeninas de equipo por una masculina. Estos han sido los Juegos de la mujer española, que ha sumado once medallas por cinco de los hombres, que hoy serán seis con la del baloncesto, y siete si Hermida diera la campanada. Ella es la triunfadora y la que nos ha salvado los Juegos. Vienen nuevos tiempos.




