El mérito es maquillar los defectos
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No me gusta apostar, porque cuando lo hago me dejo llevar por el corazón más que por la razón, y luego se produce esa sensación contradictoria de saber que vas a perder por hacer el canelo. Por eso sólo me juego refrescos con mi vecino de mesa, Rafa Payá, y le suelo ganar porque, creo, él apuesta aún más que yo con el deseo en la mano. Pero hoy o los dos ganamos, o los dos perdemos, porque nos lo jugamos todo por las Guerreras, que se merecen la medalla, y a lo mejor las coreanas también, pero yo conozco a las nuestras, y sé lo que han trabajado y han luchado para estar ahí y toda una trayectoria para reivindicar su deporte.
Tendrían que estar en la final, pero con el bronce se sube al podio. Jugaron mal contra Montenegro, y se criticó con acidez sin considerar que juegan sin la banda derecha titular (Carmen Martín y Nerea Pena), que maquillan la ausencia de zurdas en la primera línea con Marta Mangué obligada a un esfuerzo extra, que han conseguido que Macarena Aguilar y Andrea Barnó sean un complemento de central, que exprime a sus dos torres, Begoña Fernández y Verónica Cuadrado, y que tiene una estrella en la portería, Silvia Navarro, de 1,66 metros. Y el mérito, cuatro años en la élite con tantos defectos a tapar.




