La natación va a eclipsar al atletismo
La natación está a punto de dar el relevo al atletismo como deporte rey de los Juegos, pero mucho me temo que éste nos va a dar muy poquitas alegrías. Mientras Mireia Belmonte se ha convertido en una celebridad, las chicas del waterpolo son unas heroínas y aún nos quedan nada menos que las de la sincro, los atletas han comenzado a desfilar con pena y sin gloria por el estadio. No recuerdo una primera jornada más catastrófica: doce participaciones, doce eliminaciones. Y con Mullera por los suelos.
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Hay una explicación básica para comprender por qué nos va tan bien en la natación y tan mal en el atletismo. Carpena y Odriozola son, respectivamente, los presidentes de estos deportes. Carpena aplica un criterio de exigencia máxima a sus nadadores de alto nivel para obligarles a que den lo mejor de sí mismos en los Juegos, y para conseguirlo fija unas mínimas superiores a las que exige su propia Federación Internacional. Odriozola es lo contrario. Lleva hasta quienes hacen la mínima B para que hagan de relleno.
De esta manera, mientras entre los nadadores se estimula la excelencia, entre los atletas se fomenta la mínima como objetivo, que da, además de para ir a los Juegos, para cobrar una beca. Por eso nos sale una Mireia en la natación, con la que se lleva trabajando años, mientras que en el atletismo Odriozola nos va a dejar un solar. Son dos conceptos muy distintos de entender el deporte de alto nivel. El resultado está a la vista: la natación es motivo de orgullo, mientras que el atletismo... Del atletismo ojalá no nos avergonzemos.




