Wiggins, 27 años después
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De 1985 a nuestros días ya ha llovido. Y en el ciclismo hemos visto de todo. Sólo en el aspecto deportivo, cosas que no nos podíamos ni imaginar. Por ejemplo, a Indurain, igualar los cinco Tour de Hinault, Merckx y Anquetil; a Armstrong, superarlos; a Pereiro y Sastre, aparecer en el palmarés de la carrera. Pues Wiggins, el primer ganador británico de la prueba, ha conseguido algo que no se veía desde 1985: ser líder en las últimas 14 etapas. Aquel año, Hinault se vistió de amarillo en la crono de Estrasburgo, y así llegó hasta París 15 días después. Desde entonces, sólo Armstrong, líder en las últimas 13 etapas del Tour 2003, se había acercado a la marca de Hinault, quien, por cierto, ganó en 1985 con menor diferencia que Wiggins éste de 2012.
Y eso que a Wiggins apenas se le ha visto atacar; tampoco defenderse, porque no ha habido corredor alguno capaz de ponerle en apuros. Tan sólo Froome, pero como era el segundo del Sky, quedaba a las órdenes de Wiggins. De esta manera, el ganador ha llegado en carroza hasta París. Líder desde la séptima etapa, y con todo a su favor por delante: dos cronos con un total de 95 kilómetros y nada más que dos llegadas en alto. Así, desde el Tour de Armstrong en 2004 tampoco se veían sobre el podio diferencias de tiempo tan grandes entre primero y tercero. ¡Cualquiera diría que no estamos ante un figurón! Pero con 32 años y su segundo podio en las tres grandes, más que al nacimiento de un gran ciclista a lo que hemos asistido es a un Tour... poco interesante.




