Un gran escándalo de dopaje
Noticias relacionadas
Un nuevo escándalo se cierne sobre nuestro atletismo. Las intenciones de Ángel Mullera, seleccionado para correr en Londres los 3.000 metros obstáculos, son evidentes. Lo peor es descubrir la impunidad con la que un deportista se puede dopar. Eso es lo que asusta. El druida que realiza el plan de dopaje tranquiliza a Mullera diciéndole que la hormona del crecimiento es indetectable, que la glutamina elimina rastros de EPO y que el aumento de glóbulos rojos se justifica con la ingestión de ferranin. "Este sería el plan, no tendrías problemas con los controles", termina diciendo el druida. Podrá haber sido presuntamente Mullera, pero ¿cuántos deportistas más podrán haber sido? El druida también habla de unos piragüistas.
Siempre se ha dicho que cada escándalo que aparece es la punta del iceberg. El atleta nunca actúa en solitario. Igual que un druida no trabaja para un solo cliente. En los controles dan positivo los incautos, los que se han pasado de dosis o los que son requeridos para un control sorpresa en los tres días siguientes a la última ingesta de sustancias dopantes. En este último caso es cuestión de suerte que te pillen. Aquí pillamos poco. Pero la tolerancia cero no se mide por una mayor o menor efectividad en los controles, sino por la diligencia y rectitud con que cada país resuelve sus propios problemas. Aquí los resolvemos mal, y ahora tenemos uno que hay que solucionar contrarreloj. A una semana de los Juegos estamos al pie de los caballos.




