El valor de minimizar los daños
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Pasaron muchas e importantes cosas ayer en el circuito de Mugello. El GP de Italia nos dejó las victorias de Lorenzo y Viñales, el fiasco de Stoner, el carrerón de Pol Espargaró, el éxito de Iannone para satisfacción de los italianos... Sin embargo, al margen de lo evidente yo me quedaría con la acertada postura que adoptó Marc Márquez para asegurar unos valiosos puntos en Moto2, un planteamiento conservador que parece de lo más sencillo pero que no todos los pilotos son capaces de materializar. Conformarse cuando toca hacerlo puede llegar a ser tan importante como arriesgar en los momentos determinantes, porque éste es un Mundial maratoniano (acaba de llegar a su ecuador) en el que la regularidad tiene también su porcentaje de influencia en el éxito final.
Para un ganador insaciable como Márquez nunca es agradable aceptar que llega el turno de arrojar la toalla y renunciar a su objetivo. Sólo había que ver el gesto del ilerdense ayer al acabar la carrera para entenderlo, reflejo de una enorme decepción que no entraba en sus planes y que, desde luego, no le satisfacía en absoluto. Pero en pleno fragor de la batalla, Marc tuvo la sangre fría para analizar la situación y decidir que era mucho más valioso y productivo un quinto puesto que acabar por los suelos en un intento de ir más allá de los límites con una moto que no estaba en óptimas condiciones para intentarlo. Sus rivales, empezando por un valentísimo Pol, siguen apretando muy fuerte y desde luego que no hay lugar para ningún tipo de relajación, así que los once puntos que sumó en Mugello a golpe de inteligencia quizá pueden llegar a ser una alhaja al final del año. De momento, ahí quedan, en la saca del catalán...




