Nos rendimos ante Federer
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Llevamos treinta finales consecutivas de Grand Slam, desde el Abierto de Australia en 2005, donde nunca faltan Federer, Nadal o Djokovic. La mitad de las veces dirimen el título entre ellos, y en la otra mitad acude un invitado. El de ayer fue Murray, un jugador que con todo lo bueno que es, aún no ha podido ganar ningún Grand Slam. Ganar un torneo de Grand Slam es algo dificilísimo en estos tiempos, porque dicho queda que los tres grandes copan la mitad de las finales, y cuando no sucede esto, no hay guapo capaz de vencer al grande de turno. Sólo un tenista lo ha conseguido en este periodo donde Federer, Nadal y Djokovic se han hecho omnipresentes. Fue Del Potro en el Abierto de Estados Unidos de 2009 y ante Federer.
Ese año fue el de las lágrimas de Federer tras perder en Australia con Nadal. Lágrimas que eran la entrega de su número uno. Nadal era un ciclón y Djokovic ya se dejaba ver. Pues ha sobrevivido a los dos. A punto de cumplir 31 años vuelve a ser el número uno, lo cual despierta la admiración del mundo, porque se ha ganado el respeto de todos. Los problemas físicos de Nadal y los altibajos de Djokovic le han abierto de nuevo el camino. Pero había que estar ahí, y él estaba, porque nunca se ha ido. Vuelve donde le corresponde, como superclase que es. Arriba, de nuevo en la cima, poniendo el listón cada vez más alto para que las generaciones venideras hablen de Federer como el mejor tenista jamás habido sobre la Tierra. Y nosotros que lo estamos viendo.




