En busca del aprobado raspado
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Una docena de atletas buscan este fin de semana -ayer en Madrid, hoy en Mataró- el aprobado raspado que les permita ir a los Juegos. Son esos atletas que aún no han conseguido la marca mínima de participación, y aprovechan las reuniones organizadas por la Federación para intentarlo por última vez. En el atletismo hay dos tipos de mínimas, la A, que permite al equipo inscribir a los atletas que la consigan, con un máximo de tres por prueba, y la B, menos exigente, que posibilita llevar un solo atleta siempre que en su prueba no participe ninguno con la mínima A. Malo es que a estas alturas aún haya atletas buscando esas mínimas, porque éstas se acaban convirtiendo en un objetivo por sí mismo, con un funesto resultado en cuanto a imagen.
Y digo funesto, porque luego asistimos a un desfile de atletas eliminados a la primera, pero que salen tan contentos por haber estado allí. Eso la natación lo eliminó endureciendo las mínimas; el atletismo, en cambio, lo fomenta con el beneplácito del COE, pues su presidente, Alejandro Blanco, dijo a los atletas el pasado jueves: "Lograr la mínima es digno de admirar, apoyar y aplaudir; el objetivo era alcanzarla, y conseguirla ya es muy importante para el deporte español". Valorar el número de participantes es una forma en extremo indulgente de medir la actuación española. Porque ir a los Juegos con una mínima justita, que equivale a ser el cien del mundo, es como ir de turismo a Londres, y nuestros mejores deportistas no están para mantener ese lastre.




