La euforia debe ser todavía muy contenida
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Fue estupendo que Alonso ganara en Valencia. Es magnífico que el asturiano sea líder del Mundial con una suculenta ventaja sobre sus perseguidores. Ilusiona que este Ferrari renacido invite al optimismo. Pero todo con mesura, con la prudencia que exige el punto de la temporada en el que nos encontramos y siendo muy conscientes del tremendo desafío que queda por delante. Perdón por la obviedad, pero en los últimos días he escuchado algunos comentarios alimentados por una euforia desmedida: el título no está ganado... Desde luego que los rivales de la Scuderia les tienen ahora en una consideración bien diferente y que las opciones para aspirar a todo están ahí, lo que no significa que debamos olvidar que se trata de rivales temibles, como pudimos comprobar, pese a todo, el domingo en la carrera valenciana.
Sin la avería en su monoplaza, casi con seguridad Vettel hubiera sido el vencedor; Hamilton no sufrirá siempre tantas complicaciones; Webber habría dado mucha guerra sin sus problemas en la calificación, como avala su remontada; los Lotus se inmiscuirán en los puestos de cabeza en otros grandes premios... En fin, que estamos ya cansados de recordar que vivimos la temporada más competida e igualada de los últimos tiempos, así que pretender mirar a largo plazo después de sólo ocho citas es un atrevimiento mayúsculo. Alonso y Ferrari están en el rombo acertado, sin duda, pero el camino por recorrer es largo y repleto de dificultades. Disfrutemos del momento porque llegarán otros menos dulces... aunque lo importante será la situación después de Brasil, el próximo mes de noviembre.




