Yo digo Raúl Romojaro

Mucho más que frías estadísticas

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Nunca he sido muy entusiasta de las estadísticas en el deporte. Reconozco el valor de los datos, de los números, pero creo que la esencia de la competición va más allá. Se trata de emociones, de sensaciones, de ilusión Por eso para mí Ayrton Senna es el más grande en la historia de la F-1, aunque su palmarés no sea al más deslumbrante (entre otras cosas porque el destino se encargó de impedirlo). Y algo parecido me ocurre con Fernando Alonso. No me preocupa tanto cuántas sean sus victorias, sus poles y ni siquiera sus títulos, me quedo con la forma en la que es capaz de entusiasmarnos con carreras como la del domingo en Valencia. Una gesta para el recuerdo, la última pero no la única. Otras veces se encargó de recordarnos por qué este deporte es algo excepcional

Antes de la carrera tenía el pálpito de que Fernando podía hacer algo grande y se lo conté a quien me quiso escuchar. Carecía de argumentos para justificarlo, la cosa no pintaba bien e incluso el protagonista se encargó de dinamitar cualquier tipo de euforia. Pero yo esperaba algo más. Hablamos de eso: no de su puesto en la parrilla o de las dificultades para adelantar entre muros amenazantes; se trata, ya digo, de sensaciones e ilusiones. Y en ello el ovetense es único e incomparable, capaz de sacar un conejo de la chistera para poner patas arribas los cimientos de la lógica. Algo reservado a unos pocos elegidos, los agraciados con un talento descomunal que no conocen límites ni miedos. Alonso es uno de ellos y nosotros lo disfrutamos.

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