Condenados a ponerse de acuerdo

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Sin el oropel de otras grandes negociaciones, las conversaciones entre el Valencia y el Barça por el traspaso de Jordi Alba podrían, en un futuro lejano, transcribirse en un libro y servir de manual para esos pequeños tiburones que pretenden hacerse agentes FIFA o que aspiran a ser directores deportivos. Puede que el nombre del jugador y su posición no lleven a hacer de este traspaso un tema tan apasionante como cuando hablábamos de Beckham, Fàbregas, Falcao o Ronaldo, pero este caso es de libro.
Por una parte tenemos al club comprador, que necesita como agua de mayo a un lateral izquierdo. Alba cumple todas las condiciones. Es catalán, se formó en la cantera blaugrana, se lleva bien con los culés de la Selección, quiere irse al Camp Nou y además ya lo tiene todo hablado con Zubizarreta. Parece fácil. Por otro lado está el club vendedor, que sabe que tiene un jugador que interesa al Barça, que antes o después se marchará porque no ha renovado y que la única oportunidad de sacar algo por él es venderlo este verano. En el próximo, se irá gratis. Pero el Valencia no quiere quedar como necesitado y aceptar cualquier oferta. Y el Barça tampoco quiere hacer el canelo y pagar una burrada por lo que tendría gratis dentro de doce meses. Ahí entra la sabiduría de los negociadores. De como muevan sus fichas Llorente y Zubizarreta se podría sacar un tratado de negociación. Unos hablan de variables y los otros de cómodos plazos. Sea como sea, están condenados a entenderse.



