Siete es un número mágico
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Ganar siete veces un mismo torneo es una barbaridad. Y ganar uno que sea de Grand Slam, más todavía, porque la competencia entre los mejores tenistas es enorme. Pues Nadal ha entrado en la leyenda al ganar siete veces Roland Garros. Desde que Mark Spitz ganara siete medallas en los Juegos Olímpicos de Múnich 72, el siete es un número mágico, sólo al alcance de quienes se han convertido en auténticos mitos. Siete fueron los Tour de Armstrong, siete los títulos de Schumacher en la Fórmula 1, siete los de Rossi en la cilindrada reina de las motos... Año tras año, Nadal cabalga en la senda de los mejores deportistas españoles de la historia.. Y a sus conquistas deportivas une, además, la de ser un embajador extraordinario.
En Francia le han atacado y machacado. El público, además, suele celebrar con mayor entusiasmo los tantos del rival. Pero Nadal jamás tiene una mala palabra. En sus discursos se cuida mucho de elogiar lo bueno e ignorar lo malo. Si al menos no se hace querer, sí respetar. Y luego tiene esos arrebatos, como el de saltar a la grada para que los primeros abrazos sean para la familia, que ponen al descubierto unos sentimientos y una humanidad que no estamos acostumbrados a ver en los grandes deportistas. La figura del gran campeón se evapora antes incluso de recibir los primeros aplausos, y emerge la del chaval que quiere agradecer de inmediato la ayuda que recibe de sus seres queridos. Ese es nuestro Nadal. ¡Cómo no quererle!




