La batalla de los titanes
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La final que se presenta hoy en Roland Garros adquiere caracteres titánicos, ya que van a ser dos titanes los que se enfrenten en ella. Nada que ver con los duelos Nadal-Federer, todos de guante blanco y en los que casi siempre se veía a Nadal superior. Los Nadal-Djokovic de ahora llegan con los dos jugadores en plenitud física, técnica y mental; con una supremacía sobre el resto de tenistas que le permite a Nadal barrer de la pista al mejor Ferrer que se ha visto sobre tierra, y a Djokovic, lograr que el mismísimo Federer se desmorone ante él al comprobar la imposibilidad de ganarle. Nadal y Djokovic están en un plano tan superior, que la de hoy será la cuarta final consecutiva de Grand Slam que disputen.
Cuando la temporada se pone seria no caben invitados en las grandes finales. Si Nadal pierde una de Grand Slam o de Masters 1.000 será ante Djokovic, y viceversa. En los torneos de menor importancia podrán perder ante Federer o Murray, pero en los grandes, los titanes sólo inclinan la cabeza ante ellos mismos. Como sucederá hoy. El año pasado Djokovic destrozó a Nadal. Le ganó seis finales seguidas. Este año, en Australia, comenzó igual, pero después de esa séptima derrota consecutiva Nadal continuó vivo, y ahora es él quien manda tras vencer en las dos últimas finales. Delmás lo contaba ayer: ambos persiguen hoy misiones jamás alcanzadas por jugador alguno. Sólo uno la conseguirá. Por eso el duelo es de titanes.




