Un Barça-Madrid a cara o cruz
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Difícil de analizar el primer Barcelona-Madrid por el título de Liga de baloncesto. Cuando un partido se decide por un lanzamiento de fortuna, el resultado estaría bien justificado si se hubiera visto una gran igualdad. Pero cuando ese lanzamiento de fortuna decide el partido después de que uno de los dos equipos, precisamente el perdedor, se mostrara claramente superior, es que algo ha pasado. Y ese algo pasa mucho en el baloncesto. La última vez que recuerde en la final de la Euroliga, cuando Printezis anotó a falta de siete décimas la canasta ganadora para el Olympiacos, que llegó a ir perdiendo por 19 puntos. De repente, los jugadores que van ganando dejan de ver la canasta, se les encoge el brazo y no hay manera de meterla.
Ayer, el Madrid era superior, porque Sergio Rodríguez, Llull y Velickovic han llegado en gran forma, porque Carroll por fin las metía y porque Tomic ante el Barcelona siempre encuentra huecos; enfrente, un rival que se mantenía en pie con los puntos de Navarro y Lorbek, y eso que su rendimiento se ponía en duda. Pascual no hacía más que rotar y rotar en busca de soluciones. Hasta doce cambios hizo en el tercer cuarto, con un parcial calamitoso: 17-23. ¿Sería casualidad que el cuarto donde Laso hizo más cambios también fuera el peor para su equipo? Once rotaciones y parcial de 27-14 en el último. Cuando los técnicos se apoderan del partido, pasa lo que pasa. Que desaparecen los jugadores y un gran partido se acaba jugando a cara o cruz. Una lástima.




