Vergonzosa carta de naturaleza
Noticias relacionadas
El caso Nagy nos vuelve a dejar en evidencia. Después de darle la nacionalidad española con el fin de que jugase con la Selección los Juegos Olímpicos, lo hará con Hungría. Aunque el jugador no lo haya dicho de su boca, eso se desprende de las declaraciones de Juan de Dios Román, el presidente de la Federación Española. Nagy, después de once años jugando en España, tendría derecho a la nacionalización por llevar tanto tiempo de residente, pero la cuestión es que como los Juegos se echaban encima y queríamos que Nagy jugara, se aceleró todo el proceso vía carta de naturaleza, vía que aplicada al deporte es una vergüenza. Una vergüenza, porque eso es cambiar pasaportes por medallas.
Aún se recuerda el caso de Muehlegg, el esquiador alemán al que nacionalizamos deprisa y corriendo por la Federación Murciana para que se hinchara a ganar medallas en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002. El último caso más sonado fue del de Ibaka, que siendo congoleño y viviendo y jugando en Estados Unidos aprovechó su breve paso por España para pedir el año pasado la nacionalización y jugar con la Selección el Europeo de baloncesto, donde ganamos un oro que quizá sin él también hubiera estado al alcance. Ganar medallas con nacionalizados deprisa y corriendo no conduce a nada bueno. Quitan el sitio a deportistas españoles y luego suele ocurrir que 'si te he visto, no me acuerdo'. El último, Nagy.




