La Alonsomanía no es un espejismo
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A menudo escucho comentarios muy críticos referidos al carácter de Fernando Alonso. Partiendo de la base de que ningún personaje popular (desde un cantante a un deportista, pasando por un político, un periodista o un actor) tiene el beneplácito unánime de quienes le siguen, lo cierto es que me parecen exageradas determinadas opiniones sobre el asturiano. Admito que tiene una personalidad muy particular (supongo que como todos) y que puede parecer reservado o distante, pero también he mantenido siempre que gana mucho en las distancias cortas. Lo que ocurre es que generalmente los decepcionados suelen ser más ruidosos y activos que los que sintonizan con el personaje, sobre todo en esta época en la que las redes sociales han dado voz a los que hasta ahora debían guarecerse en el anonimato.
Sin embargo, viendo la que se organizó ayer con la visita de Alonso a Madrid, me da la impresión que son mayoría los que admiran y quieren al ovetense. Porque no me imagino dedicar la mañana de un día laborable, soportando empujones y tumultos, además de bastante calor, para ver de cerca a alguien a quien detestas, ¿no? La calle Serrano dejó por unos minutos su glamour y la exclusividad de las tiendas de lujo para convertirse en un 'paddock' improvisado, donde aficionados entusiasmados querían fotografiarse con su ídolo, tocarle, saludarle, comprobar, en definitiva, que es de carne y hueso, no sólo una imagen de ficción que nos visita cada dos domingos desde la pantalla de la tele... Y eso, entiendo yo, es fruto del cariño y la complicidad, nunca de la indiferencia o incluso el odio.




