Igualdad es sinónimo de emoción
Noticias relacionadas
Estamos disfrutando de una apasionante temporada de F-1... y el espectáculo apenas acaba de comenzar. Con tantas carreras aún por delante, obviamente todo está por resolver y definir, con los pronósticos más abiertos de los últimos años. Las medidas de la FIA para igualar los coches (básicamente dejando a Red Bull sin la magia de su difusor soplado) han resultado tremendamente efectivas y el papel de favorito claro ha quedado sin otorgar. Seis ganadores en seis carreras y sólo un coche repetidor en lo más alto del podio es el síntoma inequívoco de que algo ha cambiado... y los aficionados bien que lo agradecemos. La hegemonía energética empezaba a resultar cansina y el interés se estaba resintiendo, porque nunca es tan divertido que gane el mismo... incluso si fuera Alonso.
Supongo que Sebastian Vettel no compartirá esta percepción del asunto, porque seguro que él se encontraba más cómodo y satisfecho con su rendimiento (y el de su monoplaza volador) en 2011. Cuando mire la clasificación de esta temporada y la compare con la anterior a estas alturas, le costará creérselo. Sigue ocupando un lugar de privilegio en la tabla de puntos, segundo y cerca del líder, el asturiano de Ferrari, pero su tanteo dista un abismo de aquél. Y la trascendencia de este dato radica más que en su valor actual en lo que representa de cara al futuro: el bicampeón alemán ya debe tener muy claro que ahora las cosas no le van a resultar tan fáciles, independientemente de cuál sea el desenlace del campeonato. Y eso, insisto, es magnífico para todos... menos para él.




