Una carrera para pilotos inteligentes
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Entre las incertidumbres a las que ya nos tienen acostumbrados los neumáticos Pirelli, las complicaciones de una pista como la de Montecarlo y una climatología caprichosa y amenazante, la carrera de ayer en Mónaco planteó grandes desafíos a pilotos y equipos. Fue un día para los más inteligentes, aquéllos que fueron capaces de entender que los excesos en el Principado se pagan caros y que tenían más que perder que ganar si los cometían.
Por eso, aunque la competición resultó estratégicamente interesante, no hubo mucha acción sobre el asfalto y dio la sensación de que todos estaban conformes con su resultado. Entre ellos, un Alonso que veía cumplirse en ese guión sus dos objetivos previos: estar en el podio y, además, hacerlo por delante de su rival directo, Vettel. Así que el liderato del Mundial sólo puede interpretarse como una magnífica noticia, sobre todo considerando que hace muy poco llegamos a tener la impresión de que el campeonato estaba casi finiquitado para Ferrari.




