Yo Digo Raúl Romojaro

Montecarlo, una leyenda en manos de los pilotos

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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A menudo, sobre todo por estas fechas, me preguntan mi opinión sobre el GP de Mónaco. Me refiero a la conveniencia de que una de las citas estrella de la temporada de Fórmula 1 se dispute en un circuito como el de Montecarlo, un trazado obsoleto en cuanto a medidas de seguridad, rodeado por guardarraíles y muros, donde se recorre un túnel a por hora y las aguas del puerto acechan como una amenaza permanente para los pilotos. No parece, visto así, demasiado coherente que se siga compitiendo en un escenario de tales características mientras que cada día se redoblan los esfuerzos en seguridad tanto en los circuitos como en los monoplazas. Pero lo cierto es que la leyenda y la tradición de una carrera sin la que no se entiende la F-1 parecen los antídotos para cualquier prejuicio al respecto.

Cuando, como digo, me cuestionan al respecto, mi respuesta es siempre la misma: la continuidad de Mónaco está exclusivamente en manos de los pilotos, los auténticos protagonistas y los que se juegan el físico desafiando los límites de la lógica en esa ratonera vertiginosa. Da lo mismo que a unos nos apasione Montecarlo y que otros lo aborrezcan o les parezca un disparate anacrónico, pienso que el único criterio válido es el de los pilotos. Ellos dicen que la magia de Montecarlo compensa todos los inconvenientes, que los tiene y muchos. Así que por mi parte no hay más que hablar, sí ellos quieren correr, que corran... Otra cosa será el día en que la evolución tecnológica, de prestaciones o seguridad lleve a que su punto de vista sea diferente. En ese instante, también lo tengo claro, ni leyenda ni nada de nada, el GP de Mónaco deberá pasar a la historia.

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