Un baloncesto interruptus
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Las competiciones de baloncesto van a saltos y esto muy bueno no es, porque la falta de continuidad distrae y no fideliza. Ahí tenemos nuestra Liga, cuya fase regular terminó hace once días y hasta hoy no se reanuda con la primera jornada de los playoff. La mitad de los equipos se pegan una paliza durante seis meses jugando dos partidos por semana y recorriendo Europa de punta a punta, para luego quedarse con el partido de Liga semanal y después, cuando acaba la fase regular, permanecer casi dos semanas sin jugar salvo quien se haya metido en la Final Four de la Euroliga. El calendario de esta competición es aún peor, y ahí está el caso del Barcelona: desde que se clasificó para la Final Four hasta que la disputó pasaron 44 días.
Técnicos, jugadores y hasta afición acusan la falta de ritmo que provocan estas interrupciones. Ahora comienzan los playoff y hay que situar a los equipos participantes. Hay tres favoritos, y de los tres el Barcelona es el que mejor acabó la Liga, con diez victorias en los últimos diez partidos, entre ellas las conseguidas ante el Madrid y el Baskonia. El Madrid, por su parte, acabó con dudas, sobre todo defensivas, porque a su derrota en el Palau hay que añadir la de Vitoria, y sus victorias ante rivales menores fueron por mínimas diferencias. El Baskonia, tercero en discordia, también tuvo despistes en el tramo final -derrota en casa ante el Joventut-, pero los equipos de Ivanovic se transforman cuando la cosa va en serio. Hoy se acabaron las bromas.




