El martillazo definitivo no llegó
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Qué gustazo ver una semifinal a la antigua, donde la historia de los dos equipos les empujan a gobernar, a atacar, a buscar rendijas del rival a toda velocidad. El Bayern podría haber salido a defender, pero no es así como consiguieron tener un nombre en mayúsculas. Por lo tanto, se pusieron desde el primer segundo a ganar el partido, a no esconderse, a jugarse el pase en el área y a exponer alguna de las debilidades del Madrid: por ejemplo, la presión blanca es a ratos intensa, pero un poco desorganizada y el movimiento rápido de los alemanes y del balón descubría espacios. Además, cuando se ataca al Madrid por banda y en velocidad, la defensa sufre. Pero, ¿quién no lo pasaría mal con los Ribéry, Robben, Alaba, Lahm y Kroos ofreciéndose constantemente?
Si seguimos las reglas del análisis unánime de la semifinal, incluso cuando perdía 2-0, el Bayern fue el mejor durante la mayor parte del tiempo, porque tenía la posesión, las ocasiones y la iniciativa. Con esa lógica mereció pasar. El Madrid tenía que estar más compacto, pero un mejor uso del espacio no es uno de los fuertes de los de Mourinho (imaginen: ¡el equipo puede mejorar!), así que siguió cediendo el balón y buscando el martillazo definitivo. Que no llegó.




