Condena pública a los dopados
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Raffaele Guariniello estuvo en el Foro AS. Un lujo, pues cabe considerarle la máxima autoridad en la lucha antidopaje. Máxima autoridad reconocible, porque al contrario que en otros países, donde al dopaje se le combate a través de organismos y siglas, en Italia la lucha antidopaje tiene nombre y apellidos: los del fiscal-jefe de Turín. Guariniello persigue el dopaje de frente, cara a cara. Vino aquí para decirnos qué hace, como lo hace, y además le pedimos que nos explicara a qué se debe la mala imagen que tienen de nosotros en el extranjero, cuando estamos convencidos de que la tolerancia cero es una realidad. Dio una cuantas claves, y también cree que deberíamos cambiar unas cuantas cosas, sobre todo en asunto de leyes, lo cual es más complicado.
Pero lo que no resulta complicado es, por ejemplo, que las administraciones y las autoridades deportivas hagan una condena pública de los tramposos. Condena aquí sólo ha habido la de Muehlegg, quien después de dar positivo perdió el Juanito para volver a ser Johann. A los dopados españoles siempre les encontramos excusas. Y quien no se escapa por la gatera, clamamos justicia para él. Eso se tiene que acabar. El daño que hace un deportista dopado es enorme. No sólo tira por el suelo la imagen de su país, sino que pone en duda los éxitos de sus compatriotas. Con el dopado no hay que tener clemencia, y Ana Muñoz, la nueva directora de la Agencia Española, al menos está en esa línea: "El tramposo, sea quien sea, tiene que dejar de ser un ídolo".




