Este es un gran premio sin sentido
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Hasta ahora, había preferido no pronunciarme sobre el conflicto que envuelve al GP de Bahrain, básicamente porque lo mío es el deporte y no la política. Además, no me siento cómodo cuando ambos se mezclan, me parecen tan dispares que los considero imposibles de conciliar. Sin embargo, llegados a este punto creo evidente que nos encontramos ante un gran premio sin sentido, que nunca debió plantearse. Leyendo la magnífica información que nos ha brindado Manuel Franco desde allí y otros detalles que nos llegan por diferentes fuentes, parece indiscutible que Bahrain no disfruta de la coyuntura necesaria para acoger un evento de estas características y que forzar su celebración es una ofensa a un pueblo en lucha por defender sus derechos.
Puede que la prueba se celebre finalmente sin mayores incidentes y quizá sería lo deseable una vez que ya se ha cometido el error de comenzarla y cualquier vuelta atrás sería ya problemática. Pero, aunque nada ocurra en el circuito de Sakhir, la sensación que nos queda es que allí no están para carreritas de coches ni cualquier otra frivolidad. Sus problemas tienen una trascendencia muy superior a todo lo que está en juego en la Fórmula 1 y obviarlo es una ofensa a quienes los padecen. Este show en medio del desencanto es como organizar una barbacoa en un país azotado por la hambruna o montar un campo de golf en medio del desierto mientras los niños mueren de sed. Un despilfarro, en definitiva, que atenta contra cualquier principio de solidaridad.




