La Rosaleda, el tormento y el éxtasis
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El Real Betis Balompié regresa con todo su equipo a uno de los lugares donde más martirio, pecado y crímenes ha sufrido: La Rosaleda, en el paseo malagueño de Martiricos. Podría tratarse absolutamente del regreso de la víctima al lugar del crimen o al altar de los sacrificios... de no ser porque en 1985, un testarazo de Antonio Joaquín Parra evitó en ese mismo escenario la ruina de un descenso tan agónico como fueron los de 2009 y, peor, 1966. Lo de 1985 fue un éxtasis bético. Lo de 2009, tormento. Lo de 1966... verle los colores al infierno.
El 3 de abril de 1966 era Domingo de Ramos: la última jornada de la Liga 65-66 (acababa pronto porque había Mundial en Inglaterra), a la que un irregular Betis debería haber llegado salvado... de no ser por el alevoso atraco que el árbitro internacional vizcaíno Juan Gardeazábal Garay dispensó a los verdiblancos: en Heliópolis, en la penúltima jornada y ante el Sevilla de Juan Arza: expulsiones de Rogelio y Cabral, y penalti inconcebible que transformó Felo: 1-2 para el Sevilla. Y el Betis de Ernesto Pons pasó a jugarse la vida ese 3-4-66 en La Rosaleda: el triunfo salvaba al Betis y mandaba al Málaga a Segunda. El Betis condujo casi todo el partido en ventaja: gol de Ansola. Otro gran árbitro, el eximio madridista José Plaza, alargó hasta que Otiñano firmó el 1-1 en tiempo añadidísimo, tras asalto a Vega, portero bético. El Málaga promocionó: y bajó en esa promoción. Y el Betis apeó de la Copa al Real Madrid, flamante hexacampeón de Europa. C'est la vie...




