Menos concentración, más riesgo...
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El influjo de las redes sociales nos tiene a casi todos abducidos, a unos en mayor medida que a otros. Yo mismo reconozco que en ocasiones desvío la atención hacia 'Twitter' o 'Facebook' mientras realizo otras actividades, lo que no me parece una buena costumbre porque disipar la concentración puede llevar a errores. Tampoco es ya extraordinario ver a conductores en la carretera pendientes de su teléfono, no ya manteniendo una conversación sino leyendo o incluso escribiendo mensajes. Pero el colmo, al menos de momento, es lo de Brad Keselowski, 'tuiteando' en las mismísimas 500 Millas de Daytona de la Nascar. Su actitud ha provocado una intensa polémica en Estados Unidos y no es de extrañar, porque al menos se antoja cuestionable y discutible.
En el mundo de la competición ya es habitual que muchos deportistas trasladen sus sensaciones a sus seguidores durante su preparación física o incluso en algunos entrenamientos, con mensajes de los boxes o mientras descansan unos instantes. Pero hacerlo en plena carrera me parece una exageración injustificada. Básicamente porque creo que competir exige tener los cinco sentidos en lo que se está haciendo, tanto por la seguridad del propio piloto como la de sus rivales. Pisar este terreno es hacerlo en arenas movedizas, sentar un peligroso precedente que no sabemos dónde podría terminar. No pretendo dramatizar con el asunto o sacarlo de quicio, pero lo ocurrido en Daytona creo que sí merece una reflexión al respecto.




