Larga vida al incordio

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La primera frase del libro de Relaño es "Yo nací en cuna madridista". Para responder a tal sinceridad innecesaria replicaré que yo soy del Barça. Trabajo en AS y soy del Barça. Suena a título de tesina de psicología o a nota de suicidio. Pero la verdad es que después de leer Nacidos para Incordiarse, uno se reconcilia con sus demonios. La rivalidad entre el Barça y el Madrid (que no pase por alto que les he colado a los de edición un cambio de orden en los términos) resume un siglo de gloria, de infamia, de honor, de sospechas infundadas y de resentimiento. Y eso lo firman los del Madrid y los del Barça. Todos tienen motivos para quejarse. Si en alguna cosa el Barça ha derrotado al Madrid es en la construcción de un discurso histórico. Peculiar paradoja: un equipo que ha engordado su currículum en la última década, está barriendo del campo mediático a una entidad con nueve Copas de Europa. El libro de Relaño es absolutamente ecuánime. Las fuentes de las que bebe son, a menudo, barcelonistas, y junto al testimonio de los protagonistas de los sucesos, construye un relato de incordios, agravios y afrentas que, desde la distancia, se equilibran.
Hablando como culé, ni ellos han sido unos filibusteros irredentos, ni los barcelonistas unas víctimas desamparadas. Todos tienen sus muertos en el armario, sus felonías y, aunque parezca mentira, su fútbol. Porque en el fondo, aunque a veces nos olvidemos, esto va de fútbol. Y probablemente, nadie en el mundo lo ha jugado mejor que el Barça y el Madrid. Y que dure el incordio.



