Por eso Ferrari debe ganar
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Paradojas de la vida, o seguramente no tanto, el mercado de artículos de lujo está resistiendo con mucha más entereza los efectos de la crisis que otros menos exclusivos. Parece que los ricos lo siguen siendo o incluso lo son más, porque gastan el dinero de un modo que da a entender que las apreturas no van con ellos. Es así como hay marcas de las denominadas premium están disfrutando de ejercicios muy favorables y las encontramos en todos los sectores, desde los relojes a la náutica, pasando por los coches o la moda. Así son las cosas en tiempos de crisis. Y es que la exclusividad y la calidad se pagan y sigue habiendo quienes están en disposición de hacerlo, por ejemplo para ponerse al volante de un auténtico mito sobre ruedas como es Ferrari.
Ferrari es tradición, prestigio, exclusividad, diseño, calidad, prestaciones y competición. Poseer uno de sus coches permite sentirse parte de una empresa legendaria, a la que muy pocas pueden compararse. Por eso es también importante que los monoplazas de Maranello ganen en la Fórmula 1. Los grandes premios son su escaparate más luminoso de tecnología y deportividad, otro de los argumentos esenciales de la marca. No digo, desde luego, que si no ganan en la F-1 vayan a dejar de vender sus automóviles de ensueño, pero sí que la excelencia del triunfo es parte de un ADN al que no pueden renunciar. Si las carreras no fueran esenciales para ellos, simplemente no estarían. Y ya sabemos que no es así, con lo que se juegan mucho también en este sentido.




