Yo digo José Miguélez

Cerezo, los misterios de una presidencia a perpetuidad

José Miguélez
Importado de Hercules
Actualizado a

Noticias relacionadas

Cerezo vuelve a lucir sonrisa. No se escondió en los días grises, que son casi todos, menos se iba a tapar ahora que escampa. Le gusta soltarse. Domina el cuerpo a cuerpo y lo explota: rápido e ingenioso para el chascarrillo incluso sobre sí mismo y excelente encajador. Cae bien. Virtudes que le reportan beneficios personales y profesionales, pero no tantos al club que representa. Quizás también a los intereses del que se esconde a su espalda, pero no a una institución donde sobra frivolidad y falta seriedad, exigencia y transparencia. Es un clamor que el Atlético es una sociedad mal heredada y peor gestionada, pero su segundo máximo accionista, y por supuesto el primero, se niegan a aceptarlo.

Habituados a no darse por aludidos en los malos resultados y desoír las críticas, a no sacar conclusiones de las peores experiencias, se agarran a las buenas noticias, como ahora, para concluir que no lo hacen tan mal. Pero en el fondo Cerezo no hace. Enreda más que dirige. No manda en el Atlético; pone la cara para que lo parezca. Y para que se la partan. Se lleva más reproches de los que le corresponden. Y pese al murmullo de la grada y el periódico griterío en contra (hoy reprimido por el ole, ole), a las diferencias con el otro de la bicefalia, a tener más voz que voto, a lo que le cuesta (dice) el Atleti, ahí sigue tan a gusto. Ese es el gran misterio. Por qué le compensa quedarse. El masoquismo, desde luego, no cuela.

Inicia sesión para seguir leyendo

Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados