Todo el respeto al Seis Naciones
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El Stade de France, donde juega la selección francesa sus partidos del Seis Naciones, y el Murrayfield Stadium, donde lo hace la selección escocesa desde 1925, ya huelen a rugby. Mañana comienza una nueva edición de este torneo, que es un auténtico paradigma del deporte y verdadero ángel custodio de las tradiciones, con trofeos reservados a la rivalidad entre los equipos de las islas, que fueron los fundadores de esta competición en 1883. Así, la Triple Corona se concede si ha habido un equipo que haya ganado a los otros tres, mientras la Copa Calcuta es para quien gane el Escocia-Inglaterra, el trofeo Millennium se lo lleva el vencedor del Inglaterra-Irlanda, y el trofeo Centenary, el del Irlanda-Escocia.
Francia e Italia también disputan su trofeo, el Giuseppe Garibaldi, que no siempre han ganado los franceses. El año pasado, Italia lo conquistó por primera vez. Y es que Italia ya acaba ganando últimamente algún partido. Ahí sí que nos da envidia Italia. En casi todos los deportes de equipo somos alguien. En unos más que en otros, pero peor que en rugby, ninguno. Cuando jugamos contra Italia, en 1929, ganamos 9-0. Pero después seguimos caminos bien distintos. Nos hemos quedado fuera de la órbita de uno de los deportes grandes. Una pena. Mañana, 81.000 espectadores rugirán en París, y 68.000, en Edimburgo. Nosotros, mientras, no podemos disfrutar del rugby, porque como no ganamos no nos interesa.




