Carlos Soria, el héroe silencioso
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Está metido en una empresa ciclópea: terminar la conquista de los catorce ochomiles, cumplidos los 72 años. Como le faltan tres, y no se va a meter todos a la vez, verá cumplido su objetivo con 73 años como poco. Cualquiera diría que se trata de un loco. En absoluto. Carlos Soria está muy cuerdo. Por eso precisamente aún le faltan tres, porque se ha bajado de las montañas más veces de las que las ha subido. Soria es un montañero que no compite ni ha entrado en el circuito de las expediciones comerciales. Como le gusta la montaña y las fuerzas le sobran, pues las sube. Lo lleva haciendo toda la vida. Pero a su ritmo. Que conquistara el Manaslu 37 años después de que lo intentara por primera vez es un fiel reflejo de su personalidad.
Mas no por ello creamos que Soria es un personaje paciente y prudente en exceso. Para subir ochomiles hace falta un coraje, un entusiasmo y unas condiciones excepcionales. Soria ha sido desde pequeño un titán. Lo que ocurre es que no ha presumido nunca de ello. Se bañaba en invierno en el Manzanares y se iba a los Alpes en vespa. Todo un placer para quien estaba acostumbrado a portear el agua desde la fuente hasta su casa o arrastrar un carro con los sillones que tapizaba su padre. Soria se ha forjado a base de esfuerzo y sacrificio. Sin supeditar las expediciones a los patrocinadores. Si los tenía, estupendo; si no, se iba con sus ahorros. Ahora se ha encontrado con una ayuda inesperada, la del BBVA. Los valores de este hombre son dignos de difundir.




