Mourinho sigue su estrategia
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Si Mourinho amenaza con marcharse es que debe ser enero. Y que debe sentirse fuerte. Y que le da la impresión que se le está escapando el control y es hora de retomarlo. Su amenaza, a estas alturas, no quiere decir ni más ni menos: le está pidiendo al club que se posicione. Ocurrió en el Chelsea: tras los incidentes en el túnel del Camp Nou y la falta de apoyo de Abramovich, dejó claro que si no estaban con él, se iba. Consiguió un mayor poder y un mejor contrato. En su tercera temporada, en enero también, amenazó con abandonar el club inglés si no le fichaban lo que quería. Pero esa batalla ya no la ganó nadie: Mourinho consiguió dos títulos, pero no la liga, se reconcilió en el verano con el dueño pero al inicio de su cuarto curso las cosas volvieron a torcerse y fue despedido en septiembre. Mourinho aprendió un par de cosas: que debía haberse marchado antes y que, al enfrentarse a un jugador adorado por el público (Terry), el entrenador tiene las de perder.
En su primer año en el Inter volvió a exigir más poder o se marchaba aprovechando que el Madrid ya le había contactado. Moratti le dio control sobre el reciclaje de la plantilla y lo ganó todo. En su segunda amenaza madridista, la estrategia similar. Se siente cansado, nota que pierde adeptos, pese a que hace unos días decía abiertamente que las cosas iban muy bien. Quiere ganar la Liga y la Champions. Pero si consigue la primera ante este extraordinario Barcelona y no se nota respaldado, se irá.




