Noche de locura en Son Moix
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Tengo que reconocerlo: yo era de los que no creía en la remontada. Y tenía algunos argumentos para pensar que el partido de ayer era un trámite que había que cumplir y nada más. Rebuscando argumentos entre tanto gol recuerdo que el Mallorca esta temporada no había marcado tres goles en ningún partido y esa era la cifra inicialmente necesaria para remontar el 2-0 de la ida en Anoeta. Buscando, buscando, recuerdo que en la convocatoria para el partido no estaban siete jugadores que son titulares en la Liga, y además desde el club y desde el entorno no se desprendía demasiado optimismo. Por si faltaba algo, la Real Sociedad se adelantó en el marcador y eso ya obligaba a marcar cuatro goles para poder estar en los cuartos de final.
Dicho todo esto, el fútbol es como es y si ante el Sporting el Mallorca se clasificó gracias a dos acciones de un contrario, ayer lo hizo a base de goles, cuatro en seis minutos y dos más en el inicio de la segunda parte. Hemed no sabía marcar si no era de penalti e hizo dos y Alfaro aún no había marcado gol desde que llegó a la isla y ayer lo hizo. Seguro que los había optimistas y que creían en la remontada, pero no de esta manera y el que lo diga, miente. El fútbol tiene este componente de locura y el éxtasis mallorquinista contrasta con la enorme decepción donostiarra, que no sé muy bien si sus jugadores se confiaron, si se durmieron o simplemente no se esperaban semejante desenlace como no se lo esperaba nadie. Y yo el primero.




