Tenemos que aprender de la NBA
Noticias relacionadas
Ricky Rubio volvió a salirse ayer en la NBA. Dirigiendo, asistiendo y encestando. Y jugando, por supuesto, como casi el que más de su equipo: treinta minutos y medio. Con un partido cada dos días. ¿Y qué pasa? Nada que no sea bueno para el jugador (que se divierte), para el equipo (que gana) y para el aficionado (que aplaude el espectáculo). En la NBA estamos viendo a otro Ricky, a la versión mejorada del chaval que aún imberbe jugaba con desparpajo en el Joventut. Luego pasó al Barcelona y se le fue acabando la magia. Lógico. El Barcelona juega a otra cosa. Ayer, a que no le metieran ni 50 puntos. ¿Que es a cambio de anotar sólo 65? Pues muy bien. Para eso en Europa permitimos que el baloncesto esté secuestrado por los entrenadores.
Es una denuncia a la que la pasada semana se sumó Gasol en la página que escribe en Marca. Recordaba los consejos que le dio a Ricky. Uno de ellos era "que se relajase. Debía olvidar la tensión del baloncesto europeo". Le recordaba que "el baloncesto sólo es un juego". Efectivamente, un juego allí, pero una prisión para el talento aquí. Aquí la estrategia manda sobre cualquier otro aspecto y refleja la cicatería de los entrenadores. La estrategia nació como arma para que un equipo peor pudiera ganar a uno mejor, no para crear tensión entre los jugadores con rotaciones, broncas y defensas al límite. En el Madrid, al menos, Laso la emplea para fortalecer el espectáculo, pero en el Barcelona Pascual la está llevando a unos límites peligrosos. No hay más que ver a Ricky.




