Una Vuelta con apoteosis
Noticias relacionadas
La Vuelta ha ido encontrando su propia personalidad con los finales en cuesta, tipo Valdepeñas de Jaén o El Escorial. Cuestas cortas pero de durísimas rampas, capaces de hacer perder un minuto a la gente que no venga bien. Pues la Vuelta quiere llegar ahora más lejos y se ha inventado las cimas con apoteosis. Esto es, una vez alcanzada la cumbre del puerto de montaña de toda la vida, cuando todos, ciclistas y afición, darían por buena la conclusión de la etapa, viene lo mejor. Algo corto pero intenso, algo que ponga al público en pie y levante pasiones, tal como sucede con la apoteosis de la zarzuela. La Bola del Mundo fue la apoteosis de Navacerrada, y ahora el Cuitu Negro quiere ser la apoteosis de Pajares.
Pajares ha sido un puerto tremendo, pero su buen asfaltado ha suavizado la subida, aunque aún le quedan dos rampas de aúpa. Se quiso endurecer con la prolongación hasta la estación de esquí de Valgrande, mas no fue suficiente para devolver la épica a esta ascensión. Hasta que la Vuelta aceptó el reto, tal y como sucedió con la Bola, de plantearse subir hasta donde terminan los remontes y están las antenas. Todo era cuestión de seguir la pista que conduce al Cuitu Negro y ver qué posibilidades permite. La conclusión es que si se llega hasta arriba, para lo cual habría que asfaltar los casi tres kilómetros de pista, Asturias tendría su tercer coloso, junto al Angliru y los Lagos. El desafío está ahí. Son las etapas con apoteosis, la mejor apuesta de la Vuelta.




