El cuento del bucle de la Navidad

Cuando llegan estas fechas, comienzo a leer el diario por la sección de ciencia. Nunca la encuentro. No me refiero a AS, que en ese caso acudiría a la pluma de Manolete o a la de Roncero. Me refiero a pluma como facilidad de verbo, no sean malpensados. A lo que iba, siempre espero que alguien rescate unos apuntes de Roger Penrose o de Stephen Hawking que constaten que mi sospecha respecto a que la humanidad del 23 al 26 de diciembre entra en un agujero negro es correcta. Que entramos en un bucle espacio-tiempo que se repite y que nos alerda. ¿Soy el único que se da cuenta?
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Cuando era pequeño, la Navidad se reducía al bucle que conformaban los payasos de la tele pidiendo "a la humanidad que reine la paz" y al Trofeo de Navidad de baloncesto con Prada y Brabender ayudando a digerir turrón de chocolate después de emitir La Familia y uno más. Seguro que Sartre escribió La Náusea por estas fechas. Con once años el bucle era para mí una realidad palmaria.
Luego vino lo del mensaje del Primero de los Españoles. Eso de "en estas fechas tan señaladas, la Reina y yo..." martilleaba mi deshecho cerebro una vez y otra. Me desubicaba. Sólo la foto de la mesa camilla me situaba, pero seguro que Penrose tendría una explicación para ello. Y ahora me encuentro en una edad provecta en la que el Cuento de Navidad es la renovación de Guardiola. Un cuento que aburre. Para eso, me quedo con Qué bello es vivir.



