El balonmano está de fiesta
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Cada año por estas fechas, el balonmano lo despide con una particular fiesta: la Copa Asobal. Ha terminado la primera vuelta, la Liga no volverá hasta febrero porque al parón navideño seguirá el Europeo (15-29 enero, Serbia), y los equipos aprovechan para disputar el segundo título de la temporada: la Copa Asobal. Compiten los tres primeros de la Liga más el anfitrión, que esta vez coincide con el cuarto clasificado liguero, lo cual ha elevado el nivel de esta edición al máximo. La Asobal llega inmediatamente después de la medalla en el Mundial de la Selección femenina, y la final de hoy es la soñada por los anfitriones: León-Barcelona. No hay que extrañarse de ello. La Copa Asobal es propensa a las sorpresas.
Prueba de ello es que al Barcelona se le atraganta: sólo un triunfo en las nueve últimas ediciones. Y el León, flamante finalista de esta noche, ya se la ganó al Barcelona hace tres años. El hecho de jugarla en casa ayuda. León y Valladolid se han convertido en sedes frecuentes de la Copa Asobal. Son dos ciudades que viven el balonmano con intensidad, lo cual garantiza la primera condición para que toda competición pueda ser un éxito: la pasión en las gradas. León vivió ayer un partido tremendo, y el balonmano no para: cuatro medallas de selecciones este año (el oro de la masculina en la Supercopa y la plata de los juniors más los bronces de los hombres y las mujeres en Mundiales) y ahora León que se suma a la fiesta.




