El emergente deporte femenino
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La economía puso de moda la palabra emergente, y la palabra le viene al pelo a nuestro deporte femenino. El deporte femenino español emerge, sobresale, se manifiesta o cuantos sinónimos se le quieran aplicar. El caso es que ya está aquí. Hace unos años, Arantxa Sánchez-Vicario estaba prácticamente sola; ahora las mujeres son legión. Este domingo fue la Selección de balonmano y la vela; el anterior, Mireia Belmonte y la Selección de fútbol sala. El rugby femenino llega a donde no lo consigue el masculino, nuestros clubes femeninos de baloncesto, balonmano, waterpolo y hockey patines dominan Europa; también las Selecciones inferiores de fútbol se imponen en el continente. A golpe de éxito, las mujeres se han hecho con un sitio prominente.
Volviendo a Arantxa. En los años 80, cuando jugaba una final del Campeonato de España, tuvo que abandonar la pista principal, porque tenía que comenzar la masculina. Los hombres ni iban a esperar, ni jugar en otra pista. Ahora, el balonmano femenino es capaz de retrasar todo un Baskonia-Barcelona de baloncesto en la parrilla de televisión. La discriminación ya es pasado. Fue una de las cosas que enterraron los Juegos de Barcelona. Allí comenzó a germinar la primera generación de mujeres españolas que comenzaron a hacer deporte en igualdad de condiciones con el hombre. Veinte años después, las hijas de nuestras olímpicas en Barcelona pueden ver el deporte como un hecho de absoluta normalidad. Y ahí están los resultados.




