Una medalla que nos faltaba
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Una de las preguntas más repetidas en el chat que mantengo de los lunes es si después de diez años de continuados éxitos en nuestro deporte ya hemos tocado techo. Pues ya hemos visto que no. Nos faltaba, por ejemplo, una medalla en el Mundial femenino de balonmano. Ya la tenemos. Enorme nuestra Selección femenina. A partir de ahora, cada vez que escuchemos los nombres de Silvia Navarro, Carmen Martín, Macarena Aguilar o Verónica Cuadrado habremos de ponernos en pie en homenaje a la fe inquebrantable, a la casta y al orgullo. Con jugadoras como éstas, nunca tocaremos techo. Siempre habrá una nueva cima que conquistar. Y si no, nos la inventaremos. Porque tenemos la mejor generación de deportistas jamás soñada.
Deportistas con buenos físicos, sin complejos y bien entrenados. Con un hambre de victoria insaciable. Los dos primeros minutos de ayer son para enmarcar. Salieron las jugadoras con una furia, con unas ganas de marcar, de comerse a las rivales, que eran demonios sobre al pista. Imposible pararlas en el ataque, imposible rebasar su defensa. El arrebato sólo duró dos minutos, pero suficiente para adelantarse 2-0 y dejar claro que allí había un equipo dispuesto a ganar a cualquier precio. Cuando faltaran las fuerzas, ya se vería, pero que las danesas supieran que ese partido jamás lo olvidarían. En la segunda parte sacaron bandera blanca. Esa medalla no se nos podía escapar. Por una simple razón: "Somos españolas. ¿A qué quieres que te gane?"




