Oscar no sería ahora quien fue
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Oscar Schmidt fue uno de los mayores bombarderos del baloncesto. En su entrevista con Albarrán recuerda los 55 puntos que nos metió en los Juegos de Seúl 88, o los 44 que anotó con el Caserta en la final de la Recopa contra el Madrid, partido éste en el que Petrovic anotó 62 puntos. ¡Cuánto se echan de menos ahora esas anotaciones individuales! Como los 65 puntos de Szczerbiak o los 54 de Epi en la Liga de baloncesto. Son cifras que seguramente jamás volvamos a ver. Y es una pena. El espectáculo necesita de nombres propios, y los entrenadores actuales de baloncesto se los niegan al espectador con las rotaciones. Dudo que en estos tiempos los grandes jugadores citados pudieran llegar a las cifras que les convirtieron en leyenda.
Como dice Oscar Schmidt, los puntos se reparten ahora entre más jugadores, pero el resultado no son marcadores más altos. Todo lo contrario. Van a menos. La excepción es el Madrid, que con Laso en el banquillo ha apostado por el ataque. El Madrid es el máximo anotador tanto en la ACB como en la Euroliga, competición en la que ha llegado tres veces a la centena de puntos, y eso el espectador lo agradece. De hecho, el club ha doblado la asistencia media de público a los partidos, incluida la Caja Mágica. Y es que el espectador responde pronto ante los estímulos. Sólo hay que dárselos, y uno de ellos es que un jugador pueda hartarse de meter puntos en un partido. Pero como aquí quien tenga la mano caliente va al banquillo...




