Michu: el sentimiento verdadero
Los primeros días de 2010 se le hicieron eternos a Miguel Pérez Cuesta, Michu. Tenía encima de la mesa una oferta del Sporting: 2,4 millones por cuatro temporadas, jugar en Primera División y al lado de casa. Nadie contaba con algo que es intangible: su oviedismo. Se ha hablado mucho de aquella oferta, de si dudó o no, pero lo cierto es que nunca quiso ir al Sporting. El caso se enredó precisamente porque Michu y su entorno hablaban un lenguaje que no es el que impera en el mundo del fútbol. Desde el primer día dijo no y agradeció el interés sportinguista. Fue educado. No era una cuestión de dinero, ni de jugar al máximo nivel. Era una cuestión de sentimiento.
El fútbol moderno, tan huérfano de gestos no forzados, le debe mucho a Michu. Fue noble y no se dejó guiar por la ambición. ¿Acaso algún seguidor rojiblanco hubiera querido a un jugador que no estaba convencido de dar el 100% en su equipo? ¿El fútbol que queremos es aquel en el que todo tiene un precio? A Michu le ha llegado la oportunidad de demostrar lo que ya se presagiaba cuando deslumbraba en El Requexón: que es un gran jugador. Le ha llegado cuando él ha querido y como él ha querido. Seguramente los seguidores del Rayo agradezcan cada domingo su calidad y su entrega sincera.
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Michu dio, aquellos días, una lección de nobleza. Fue incapaz de olvidar tantos partidos vestido de azul y tantas comparaciones con Jokanovic. Esos 1,91 de altura, bajo esa melena rubia y esa sonrisa de niño nos recordaron a todos, en enero de 2010, que todavía se puede creer en el fútbol.
Pedro Zuazua es el director de Comunicación de El País.



