El cambio será para mejor
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El Metropolitano era un estadio entrañable. Había una grada enfrente de la tribuna principal en la que se ponían los socios y siempre estaba llena. Animaban mucho, pero también castigaban cuando se jugaba mal. Luego estaba la tribuna principal, cubierta, y ahí había una especie de paseo donde estaban los bares y eso era un espectáculo. Luego a la derecha de la tribuna había una gradona, que se ponía también siempre llena, con toda la gente de pie. Y en el otro lado había una grada más pequeña. Yo jugué siete años allí. El Metropolitano se fue haciendo viejo y lo castigamos mucho, porque entrenábamos todos los días.
Luego fuimos al Calderón donde jugué diez años. En la grada sólo había cemento y no estaba acabado. Entraba agua por todos lados. Pero al niño le vimos crecer y por eso le cogimos tanto cariño. La época gloriosa comenzó en los 60 en el Metropolitano y luego continuó en el Calderón. Pero el Calderón ya es abuelo y toca otro cambio. Hay que ir con el progreso y el cambio será para mejor. Lo que hace faltan es que vengan triunfos.



